domingo, 3 de octubre de 2010

Historias de amor y sangre: Mi heroe (parte I de II)

Las flores del parque se agitan con el pasar de una bicicleta de montaña. Es algo noche para dar un paseo o ejercitarse, y un mal uso para ese medio de transporte. Pero en algo se tiene que entretener la mente mientras no se pueda hallar alivio en la cama.
No era culpa de su esposo, el se encontraba en los mejores años de su vida, ágil y vigoroso. Pero el pequeño diablo de la extraña incomodidad ya tenía tiempo que había entrado a su casa. Los orgasmo no habían desaparecido, solo parecía que no quería llegar.
Sentía toda esa energía que no expresaba en su intimidad. Se quedaba acostada; no importaba si fuera de frente o de espaldas, solo dejaba que su marido hiciera su labor anti-estrés de la semana. Y lo dejaba pasar como si más, el había dejado de ser en lo único que pensaba cuando estaban en la cama; ya ni siquiera pasaba su rostro en cada orgasmo.
Tenía tanta energía que participaba en juntas del colegio, de la colonia y de servicio a la comunidad. Tomaba clases de yoga y de decoración. Incluso había dejado las pastillas que se auto medicaba para rendir.
Y esto la cansaba, relativamente, y le daba un pretexto para no tener sexo.
Detiene los pedales. Acabo en tiempo record, llegara más temprano, aun no terminan los noticieros. Toma asiento en una de las tantas bancas del parque; los coches cada vez son más escasos y solo acompañan las lámparas con su zumbar interminable.
Regresa esa nostalgia por la nicotina. Era malo para el feto, que era malo para el bebe y que es malo para los niños. ¿Cuándo algo que la calmaba tan bien se volvió tan malo? Su madre fumo durante toda su infancia, y no se ve ningún tipo de problema o mal formación; de hecho está muy bien a sus 29 y dos hijos.
Mira a todos lados. Parece todo estar en una soledad única. Piensa maneras de pasar el tiempo, y es difícil hacerlo en la sola oscuridad. Y le viene un pensamiento oscuro.
Y si realiza algo realmente loco. Ella siempre le ha gustado su fisionomía y lo firme de sus partes.
Algo contra la ley.
Como tocarse… en un lugar público.
La piel se erizo por una corriente de aire muy frio, los pezones empezaron a empujarse contra el top sudado y sus manos se movían por sus piernas.
No era tan malo como tocarse en pleno día. Ningún niño se vería dañado por el espectáculo y ninguna madre lanzaría gritos.
Traía uñas largas y una licra delgada. Sentía cada centímetro que recorría. Empezaba a sentir el cosquilleo en su pelvis. Tal vez solo un poco.
-¡Pero qué me pasa!
Logro sentir su humedad cuando se detuvo.
A su mente llega la imagen de ella masturbándose y gozando como animal, que lo deseaba. Y en el momento del clímax, como en las películas, llegaba un policía con una linterna. Preguntaría por algo que ya sabe que está pasando. Tal vez una llamada de atención, tal vez la llevarían al ministerio publico; y ella sin dinero para librarse de eso.
Mejor para otra ocasión; tal vez se preocupaba mucho y no llegue a pasarle nada malo, una de las caras de la moneda. Mejor seguía.
-¿Todo bien?
Alguien se acerco sigiloso a ella, no tenía ganas de responder. Alguien que se acercaba así a las personas a estas horas en el parque no debe de ser más que un pervertido; de esos que enseñan sus partes, valla perdedores.
-Sí.
Toma su bici después de esa respuesta seca y continua tranquila.
Aunque la tranquilidad se acabo a los 30 cm de recorrido. De una patada tira a la mujer. Cae sobre su rodilla, le duele y no cree que pueda correr. Tenía razón, era un pervertido.
Mira tras de sí. El desconocido la mira parado, se escucha lo fuerte que respira.
-Que le pasa…
De inmediato la golpea en la cara. Por primera vez en su vida conoce lo que es que un hombre la golpee. Siente como la cabeza le da vueltas y el pómulo le palpita.
-Por favor… que vas a hacer…
No quiere gritar. No quiere volver a ser lastimada. Pero el extraño no entiende eso.
De nuevo la golpea. Ahora si alcanza el ojo.
De nuevo siente más confusión en su cabeza.
-No me hables… continua callada y todo saldrá bien.
Se abalanza sobre su víctima. Con su respirar fuerte se llena de su aroma. Toma el top y lo retira.
-Por favor… no lo hagas...
Un puño cae en su estomago. Siente salir el aire, ahora si no puede hablar.
El jala el pantalón de licra con todo y ropa interior, aquí si se ve la rudeza al desnudarla.
Ella se retuerce, no desea ni proferir un gemido. Solo reza para que acabe.
El la acaricia, la muerde y la chupa. Disfruta de cada momento con su presa.
Ella pregunta algo muy común entre todas las personas abusadas. ¿Por qué?
El se baja el cierre y se acomoda el pantalón. Ella cierra los ojos para no tener que ver su violación.
El toma su pene y espera el mejor momento para empezar.
Se escucha otro ruido...

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