-Debería escribir mi vida... la mala telenovela de mi vida...
-Seria un libro muy divertido.
-No seria divertido...
Pasa lo mismo que con los malos chistes, los de humor negro, los racistas y los locales. Como el Nuevo Testamento, un mal entendido. Como con los cumplidos, mal interpretado. Como mis comentarios, nunca bien expresados.
Pero a mi si me divierten. Gran parte es aburrida y repetitiva. Solo valdría la pena los momentos de sádico regocijo.
Pero que pasaría con el contenido.
Mi vida aun no acaba... Sera un libro por tomos. Escribiré lo poco que mi memoria me permita y esperare a que nuevos eventos lleguen a mi vida. Mis recuerdos de la infancia que no han sido clasificados para cada edad.
Empezar un diario? Con lo peligroso que es para la intimidad.
Pero si enserio me decido a escribirlo. No terminaria en ese momento con mi vida. Tendría que realizarme una autopsia literaria y abrir mi petateuco.
Pasaría una paradoja como las de volver al futuro. Yo me encuentro con mi otro yo reflejado en letras por el ordenador. Me vuelvo loco y mis neuronas estallan mientras la tierra colapsa en el tiempo-espacio.
Final feliz.
Como los masajes.
Pero ahora no suena mala idea. Que es lo que se ganaría. Mucho. Que esta mierda se reinicie. Termine de empezar.
dejad que camine sólo, sin cometer pecado alguno, con muy pocos deseos... como los elefantes en el bosque
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miércoles, 9 de marzo de 2011
jueves, 7 de octubre de 2010
A donde van los muertos?
Es una buena pregunta. De suma importancia.
Respóndanme. ¿A dónde se van todas las promesar que no fueron cumplidas?
¿A qué lugar van a parar todos los juramentos rotos?
¿Todas esas palabras para explicar un amor que ya no se tiene?
¿Todos los cumplidos?
¿Cada TE AMO, que no fue recordado?
¿Cada beso que es sepultado por otros nuevos?
Los suspiros con dedicatoria…
Las sonrisas del pasado…
Las caricias… las lagrimas… todo lo que juramos único y cierto.
¿Pertenecen al cielo o al infierno? ¿Siendo verbo, tienen alma?
¿Viven en pecado?
¿Sufriremos la carga de su culpa? ¿Ya la sufrimos?
O, quizá no sea nuestra culpa. Tal vez los sentidos nos engañaron; todos embriagados en el enamoraMIENTO. Segados por un velo auto impuesto que no nos dejaba ver tanto nuestras mentiras como las ajenas.
¿Quién es peor persona: el que dice esto sabiendo que puede no ser cierto o aquel que ignora su autenticidad, los que las sostuvieron como la verdad y después las pisotearon sin remordimientos, los que prefirieron mentiras antes de aceptar que todo se acabo, los que sabían de todo esto y sin gota de culpa los cambiaron por otros?
¿Serán todos así?
¿Seré yo así?
Que tengo que hacer para enmendarme con cada uno de esos cadáveres que he dejado tirados. Sé que no lo hice solo, varias personas me ayudaron a crearlos para después destruirlos como si nada.
Pero ¿Quién soy yo para pedirles que me ayuden con la ofrenda? Ya no me interesa saber quien fue el culpable, a quien adjudicarle el muertito.
Ahora solo me interesa ese karma que me he creado. ¿Seré el único que le interesa?
Tal vez algún día se levanten y vengan a verme de noche.
-Nos decepcionaste… nos decepcionas…
-No fue mi intención, lo juro. Eso era lo que creía sentir.
-¿Por qué a nosotros? ¿Qué te hicimos?
-Nada. Soy un ingrato. Nunca medí el impacto de mis acciones.
Pero esa noche no huiré. Les hare frente, como hombre. Sé que soy la causa de su sufrir, solo espero que entre toda esa culpa se encuentre un grano de inocencia. Que me permita vivir para enmendarme. Aun que me tome toda una vida.
Respóndanme. ¿A dónde se van todas las promesar que no fueron cumplidas?
¿A qué lugar van a parar todos los juramentos rotos?
¿Todas esas palabras para explicar un amor que ya no se tiene?
¿Todos los cumplidos?
¿Cada TE AMO, que no fue recordado?
¿Cada beso que es sepultado por otros nuevos?
Los suspiros con dedicatoria…
Las sonrisas del pasado…
Las caricias… las lagrimas… todo lo que juramos único y cierto.
¿Pertenecen al cielo o al infierno? ¿Siendo verbo, tienen alma?
¿Viven en pecado?
¿Sufriremos la carga de su culpa? ¿Ya la sufrimos?
O, quizá no sea nuestra culpa. Tal vez los sentidos nos engañaron; todos embriagados en el enamoraMIENTO. Segados por un velo auto impuesto que no nos dejaba ver tanto nuestras mentiras como las ajenas.
¿Quién es peor persona: el que dice esto sabiendo que puede no ser cierto o aquel que ignora su autenticidad, los que las sostuvieron como la verdad y después las pisotearon sin remordimientos, los que prefirieron mentiras antes de aceptar que todo se acabo, los que sabían de todo esto y sin gota de culpa los cambiaron por otros?
¿Serán todos así?
¿Seré yo así?
Que tengo que hacer para enmendarme con cada uno de esos cadáveres que he dejado tirados. Sé que no lo hice solo, varias personas me ayudaron a crearlos para después destruirlos como si nada.
Pero ¿Quién soy yo para pedirles que me ayuden con la ofrenda? Ya no me interesa saber quien fue el culpable, a quien adjudicarle el muertito.
Ahora solo me interesa ese karma que me he creado. ¿Seré el único que le interesa?
Tal vez algún día se levanten y vengan a verme de noche.
-Nos decepcionaste… nos decepcionas…
-No fue mi intención, lo juro. Eso era lo que creía sentir.
-¿Por qué a nosotros? ¿Qué te hicimos?
-Nada. Soy un ingrato. Nunca medí el impacto de mis acciones.
Pero esa noche no huiré. Les hare frente, como hombre. Sé que soy la causa de su sufrir, solo espero que entre toda esa culpa se encuentre un grano de inocencia. Que me permita vivir para enmendarme. Aun que me tome toda una vida.
martes, 7 de septiembre de 2010
El vigilante
En la oscura soledad. Atrapado en un festín dramático; soy devorado. Las tinieblas son mi manta, el estar bajo ellas me asfixia. Con el arma a la vista y mis dientes apretados lo encaro. El trae en sus cartas hechizos y los dientes filosos. Y aguarda al pie de mi cama.
Y lo escucho jadear.
Toda la noche me acompaña.
Cada noche.
En cada parte de mi cuerpo siento su presencia.
A cada rato lo escucho.
Me hace compañía.
No sé quién es. No sé qué quiere. Se lo pregunto y solo me responde: Vamos a dormir.
Pero el no duerme del todo.
Diario busco respuestas.
Voy a las bibliotecas más completas; reviso todos los tomos de enciclopedias, desde problemas neuronales hasta deficiencias de vitaminas. Recurro a los mejores médicos naturistas, que me incitan a tomar algo que no saben si funcionara para sanar algo que desconocen. Incluso he probado magia y drogas. En los templos con la más grande devoción.
Nada lo resuelve. La búsqueda me resulta inútil.
Y lo veo todas las noches.
Lo escucho a cada paso.
En cada calle.
Pero solo en la noche lo veo.
Regresando el hígado por la boca, mascando la brea con sus dientes de tiburón. Botas y cabello sucio. Y la cara amarilla. Y le pregunto por qué no duerme.
-No puedo dormir del todo.
Yo estoy igual.
Toda la noche.
Cada noche.
En cada parte de mi cuerpo.
Su hígado.
Oh, Dios respóndeme. Escucha mis plegarias. ¿Qué es esto? ¿Qué me pasa? ¿Quién es?
¿Por qué nunca duerme? Piedad, termina el tormento.
¿Por qué volverme loco? Aun siendo joven. Que disfruta mas no se excede. Así de un día para otro tener esto.
Las primeras veces pensé en algún desgraciado que quería robarme a plena noche. Pero cuando prendí uno de mis cerillos; desaparecía. Lo atribuí a algún malestar con la comida y mis trasnochadas.
Pero cuando apagaba todo; sentía su regurgitar negro. Viscoso.
Llame varias veces a mi ama de llaves para que viera lo que se me aparecía; y solo me tiro de loco y pervertido al quererla meter a mi alcoba de noche. A mis amigos, pero ninguno acepto.
Incluso me interne en una clínica para que me observaran, pero solo decían que sufría de alucinaciones. Delírium trémens o psicosis; atreverse a decirme loco o borracho.
Pero no sufro de alucinaciones.
Le dispare unas cuantas veces y solo dañe la madera tan cara de mi casa. Mi ama de llavez decidió que ese era suficiente para una mujer como ella.
Y nos quedamos solos.
Me sigue.
Y lo veo.
Todas las noches.
Percibo lo nauseabundo de su aliento. Escucho el chocar de sus dientes. Y su hígado.
-Déjame en tranquilo. Déjame en paz.
-No puedo. Porque nunca duermo del todo.
Y no me deja.
Tal vez se valla algún día. Tal vez nunca se valla.
Pero sé que me acompañara su hedor a cada lugar, a cada reunión. Se quedara impregnado en mí.
Solo quiero dormir.
Pero ninguno de los dos duerme del todo.
Aun me quedan balas. Tal vez pueda terminar todo esto.
Y al fin dormir tranquilo
Por fin dormir del todo.
Pero soy demasiado cobarde para hacerlo. Para estar tranquilo.
Del todo.
Y lo escucho jadear.
Toda la noche me acompaña.
Cada noche.
En cada parte de mi cuerpo siento su presencia.
A cada rato lo escucho.
Me hace compañía.
No sé quién es. No sé qué quiere. Se lo pregunto y solo me responde: Vamos a dormir.
Pero el no duerme del todo.
Diario busco respuestas.
Voy a las bibliotecas más completas; reviso todos los tomos de enciclopedias, desde problemas neuronales hasta deficiencias de vitaminas. Recurro a los mejores médicos naturistas, que me incitan a tomar algo que no saben si funcionara para sanar algo que desconocen. Incluso he probado magia y drogas. En los templos con la más grande devoción.
Nada lo resuelve. La búsqueda me resulta inútil.
Y lo veo todas las noches.
Lo escucho a cada paso.
En cada calle.
Pero solo en la noche lo veo.
Regresando el hígado por la boca, mascando la brea con sus dientes de tiburón. Botas y cabello sucio. Y la cara amarilla. Y le pregunto por qué no duerme.
-No puedo dormir del todo.
Yo estoy igual.
Toda la noche.
Cada noche.
En cada parte de mi cuerpo.
Su hígado.
Oh, Dios respóndeme. Escucha mis plegarias. ¿Qué es esto? ¿Qué me pasa? ¿Quién es?
¿Por qué nunca duerme? Piedad, termina el tormento.
¿Por qué volverme loco? Aun siendo joven. Que disfruta mas no se excede. Así de un día para otro tener esto.
Las primeras veces pensé en algún desgraciado que quería robarme a plena noche. Pero cuando prendí uno de mis cerillos; desaparecía. Lo atribuí a algún malestar con la comida y mis trasnochadas.
Pero cuando apagaba todo; sentía su regurgitar negro. Viscoso.
Llame varias veces a mi ama de llaves para que viera lo que se me aparecía; y solo me tiro de loco y pervertido al quererla meter a mi alcoba de noche. A mis amigos, pero ninguno acepto.
Incluso me interne en una clínica para que me observaran, pero solo decían que sufría de alucinaciones. Delírium trémens o psicosis; atreverse a decirme loco o borracho.
Pero no sufro de alucinaciones.
Le dispare unas cuantas veces y solo dañe la madera tan cara de mi casa. Mi ama de llavez decidió que ese era suficiente para una mujer como ella.
Y nos quedamos solos.
Me sigue.
Y lo veo.
Todas las noches.
Percibo lo nauseabundo de su aliento. Escucho el chocar de sus dientes. Y su hígado.
-Déjame en tranquilo. Déjame en paz.
-No puedo. Porque nunca duermo del todo.
Y no me deja.
Tal vez se valla algún día. Tal vez nunca se valla.
Pero sé que me acompañara su hedor a cada lugar, a cada reunión. Se quedara impregnado en mí.
Solo quiero dormir.
Pero ninguno de los dos duerme del todo.
Aun me quedan balas. Tal vez pueda terminar todo esto.
Y al fin dormir tranquilo
Por fin dormir del todo.
Pero soy demasiado cobarde para hacerlo. Para estar tranquilo.
Del todo.
sábado, 8 de agosto de 2009
Epifanía
A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo.
La Fontaine
La noche está en su plenitud.Ahí va como todas las noches, a pasearse la dama blanca por la espesa noche, con su vestido adornado con cientos de perlas negras de diferentes tamaños, danzando acompaña a todas las criaturas que no se encierran a descansar de su larga faena del día.
Y como todas las noches el vigilante nocturno hace su ronda de las doce. Sale su puesto, toma su sombrero, que lo hace sentir casi como un policía de verdad. Camina por solitarias calles de la ciudad, y solo le ayuda la luz de su linterna y los destellos de la luna.
Mirando a todos lados alza su farol esperando que los maleantes huyan ante la luz de seguridad que libera la poca carga que posen las pilas.
Todas las noches toma el mismo camino: empieza por su puesto de vigilancia, pasa por la casa de ladrillo naranja, alumbra un poco el callejón donde al final ve la casa de “Rosa” siempre abierta para quien quiera pasar un rato con ella por una buena cantidad, dobla a la izquierda hasta el parque, evita la calle de la coladera abierta (principalmente por su olor, ya que suele inundarse en temporadas de lluvia), de ahí al edificio del señor Juárez que siempre le da una taza de café (el pobre viejo sonámbulo, producto de la pérdida de su esposa). Y regresa a su puesto, hace esto tres veces por noche. Nunca se harta de que su recorrido sea su rutina, se siente orgulloso de ser algo útil para la sociedad.
Y su trabajo no solo le ha dejado el suficiente dinero para alimentarlo y buenos conocimientos sobre la zona; también le ha dejado experiencia. Desde el momento que sale sabe si va a ser una noche ideal para trabajar, si lloverá o si será una noche cálida, si el cielo estará despejado, si abra mucho viento. Solo con dar un buen respiro lo analiza en su interior, según la sensación va a ser el clima. Esta noche predijo niebla y mucho frio.
Con su chamara gruesa y su tolete en la mano avanza cortando la niebla; en una noche como esta no es bueno estar desprevenido, con una niebla tan espesa siempre se puede topar uno con un ladrón desorientado por su falta de visión, y no hay nada más peligroso que un animal confundido.
Cauteloso sigue su recorrido, pero algo mueve su instinto. Se oye un ruido extraño: no sabe distinguir si es una persona tosiendo muy fuerte o un perro amenazando con soltar una buena mordida a sus pantorrillas.
Se detiene y escucha.
Otra vez silencio.
Dejando atrás lo sucedido continua avanzando recto a su destino, nunca ha dejado su ruta, y menos por miedo a unos ruidos, no se suele preocupar mucho, el no es de los que se impresionan mucho. De los otros vigilantes sabe de un caso: oye un ruido, lo sigue y encuentran a 5 asaltantes, que siempre están mejor armados que los agentes de la seguridad; o también aquellos que hablan de seres de la noche, almas siniestras que esperan cualquier descuido en su labor vigilante para desaparecerlo.
Puras patrañas, decía.
Las luces de las farolas lucen extrañas, pero eso nada le importa.
Casi ha llegado al parque, la mitad de su recorrido. Pero se detiene de nuevo, vio algo moverse, no distingue bien por la niebla. Espera cautelosamente.
De nuevo ve otra sombra, que va hacia el parque. Y otra. Les grita que se detengan, no hacen caso. “Podría ser que hay una riña en el parque o solo se están juntando los drogadictos de la zona”, piensa. Decide cortar el camino, nunca ha tenido problemas con los malvivientes de la zona y no quiere empezar hoy. Da vuelta a la derecha camina silenciosamente con dirección a la fuente, que se haya a una distancia segura del centro del parque. Y continuar con la ronda.
Y a lo lejos la silueta de una persona se acerca lentamente pero amenazadora, lo detiene, pues por lo general ya entrada la noche evitamos a toda costa toparnos con un sujeto en la noche.
-Quien anda ahí.
No responde pero continua avanzando la figura, grande, sería una pelea muy desigual si busca problemas.
-No son horas para pasear y tomar aire.
La silueta se detiene de inmediato y no se mueve para nada durante un buen rato. “Tal vez se asusto” piensa aliviado. Ambos se quedan parados uno frente al otro, sin poder distinguirse.
Y la sombra desaparece, sobresaltado se pone totalmente alerta.
-Debió ser simplemente una sombra - se tranquiliza.
Espera a calmarse y prosigue. Ya casi a llegado a la fuente, escucha el correr del agua, así podrá regresar por la calle que va a la casa del viejo, y este lo regañara por lo tarde que pasa. “Valla vejestorio”.
Y dicho esto ante el aparece un perro enorme, difícil decir su raza: tenía sus patas delanteras como las de un bóxer, el hocico como el de los perros esquimales, y su cuerpo flaco como los galgos; pero de tamaño sorprendente e imponente. Se sentó en medio del camino del velador.
-Así que eras tú, perro corriente, el que me asusto.
El perro solo lo miraba; al parecer del vigilante la mirada del perro parecía siniestra, pero con un toque de pena.
-Quita de mi camino perro, o te llevaras mi suela tatuada en tu culo.
El perro lanzo un aullido al cielo y sobre ellos la niebla se disipo dejando ver una hermosa luna llena.
-En serio, eso sí es espeluznante...
Se sostuvieron la mirada un largo rato, y al ver que el perro no mostraba señas de moverse decidió rodearlo.
-Maldito perro - y lo miro con odio - tendré que alargar unos metros mi ruta.
El perro regreso la mirada y abrió su hocico.
-Pobre de los desventurados - sonaba una voz espectral que provenía del perro, y creas lo que creas, al oír esto cualquiera se detiene y tiembla - que en una noche tan fría encuentran su destino, solos como mis hermanos los perros.
En ese momento toda reacción de la experiencia que había obtenido de 23 años de hacer su ronda lo abandono, parecía un niño ante la falta de su madre, se quedo admirando este animal escabroso.
-¿Qué eres tú, perro del demonio? - logro juntar en su boca.
No recibió respuesta alguna.
-¿Qué eres? ¿Acaso eres un demonio que desea devorar mi alma o eres un espíritu que desea intranquilizar mi alma?
Aun con estos comentarios no saco respuesta alguna del sabueso tenebroso. Así que decidió seguir avanzar y culpar de todo al ambiente, sus costumbres de tomar antes de salir, no dormir como debe. Pero no quería, deseaba saber que fue lo que paso.
-¿Qué deseas, dímelo ya?- ahora sonaba desesperado -Deseo saber tus intenciones extraño - ya no lo trataba como un perro - Acaso eres un ángel que me viene a informar de mi porvenir o eres un ente que solo quiere dejar mi paciencia como un remolino.
Avanzo solo un par de pasos pero el perro no volvía a proferir alarido o frase alguna. Seguía mirando al humano que lo interrogaba. Esto no lo soporto.
-¿Qué deseas, dímelo ya? - ahora sonaba desesperado - Deseo saber tus intenciones extraño - “Tal vez como es un espíritu de la naturaleza que nos muestra algo de nuestro porvenir, o un demonio que solo desea masticar su alma durante milenios entre las llamas del infierno”.
-Por favor, te lo suplico…no me mates, no me dañes… yo no te he hecho nada - ahora lloraba y pedía por su vida; cosa que nunca pensó hacer enfrente de malhechores por más fuerte que lo golpeara, pero este parecía ser un buen momento para cambiar costumbres.
La criatura lanzo un segundo aullido al cielo, esta vez la luna se volvió roja al instante.
-Tranquilo, no he venido a devorarte- eso le devolvió el alma al cuerpo - no suelo masticar almas tan pobres.
Nunca se sintió tan orgulloso de ser una persona simple, y sin nada especial. Su padre trato siempre de obligarlo a que fuera un erudito, que estudiara, hiciera una carrera, pero no lo logro, no logro hacer que su hijo sentara cabeza.
-Pero si he venido a darte malas nuevas, pues como todo está destinada a perecer, también lo estas tu para marchitarse…
-A que te refieres…se directo, me pasara algo - no entendía aun. “Tal vez si es un espíritu benigno, y viene a ayudarme”.
-Tu fin a llegado, la muerte te anda buscando y ella siempre encuentra a sus deudores…
Dicho esto desapareció y dejo al pobre hombre llorando sin saber qué hacer. Se había topado con una de esas cosas que nunca había creído, y lamentaba no haber estado prevenido.
-Pero cuando moriré…- gritaba a la niebla.
Nada.
-Dímelo, te lo suplico.
Una ráfaga de aire llego tan fría a su presencia, se cerró el hueco que dejaba ver las estrellas, todo volvió a ser incierto.
Y solo tuvo una respuesta que sonaba con su eco.
-Vas a morir…vas a morir…vas a morir... solo eso.
Y como cualquier persona haría, tomo toda su existencia y corrió calle arriba, sin importar nada.
El no quería morir, amaba tanto su vida, su monótona vida, hacer todas las noches lo mismo. Su amor por vivir era lo que lo impulsaba a huir. Tal vez si llegaba a su casa lograría evitar cualquier peligro. Se paro y corrió en dirección contraria, dejando atrás todo, su lámpara, su tolete, su gorro, su valor; pero la voz lo seguía.
-Vas a morir…vas a morir…vas a morir... solo eso.
En su apresurada carrera por mantenerse respirando no recordó lo tanto que había aprendido en todo el tiempo que laboro como velador. Olvido cuales eran las calles peligrosas, olvido la taza de café, olvido su recorrido.
Corría sin sentido, pues su mente no podía recordar el camino de vuelta, y mucho menos como encontrar la razón, no sabía ya porque calle andaba, ni cuanto faltaba.
Y no noto la coladera abierta que tanto tiempo había evitado, puso un pie sobre su abismo y callo completito.
De ese momento solo se oyeron estas cosas, que son el único vestigio de aquella trágica noche. Se oyó el grito del cuidador al caer por la oscuridad de su nueva tumba, nunca antes, en ese lugar, alguien había oído un grito tan aterrador como ese. La pierna que tenía por delante entro limpia, pero su otra pierna se doblo de tal forma que parecía tener 3 articulaciones. Su frente se estampo contra el pavimento dejándolo inconsciente, reboto y se fue a dar un golpe mortal en la nuca mientras su existencia se hundía por el agujero. Después solo se oyó el salpicar del agua.
A la mañana siguiente, las personas de la zona no se explicaban lo sucedido. Algunos decían que era un espíritu en pena, otros que había sucedido un asesinato durante la noche. Pero nadie se preocupo por el velador desparecido, ni siquiera el Sr. Juárez, quien aseguraba que el velador falto por irse de borracho. Pasaron las semanas y al no encontrar al velador contrataron a un joven un poco crispado, pero hacia bien su trabajo.
Y así fue como murió, corriendo de la muerte, y la encontró. El miedo lo hizo olvidar todo lo que lo había mantenido con vida, olvido su recorrido, cambio su rutina por unas sombras.
Pobre de los desventurados que en una noche tan fría encuentran su destino, solos como los perros.
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